lunes, 21 de septiembre de 2015

Mi ojito derecho

    Llegamos a la parte más dura.
    Después de lo ocurrido con Rodrigo un 18 de enero, al mes se llevaron la otra mitad de mi ser. Los días fueron difíciles la verdad. Fueron muchos mensajes, muchas conversaciones y todas esas cosas cuando dos personas dejan de tener algo especial. En todo eso, la persona de mi corazón se puso mala de la noche a la mañana. La dio algo de lo que da a esas edades y luego se cayó al suelo. Estoy hablando de ella.Mi abuela. Carla. 
    Quitando cualquier conflicto familiar con esos seres que aún a día de hoy nos traen de cabeza a todos, y las pongo el nombre de seres por no decir otra cosa. Hubo problemas, mi abuela se quiso venir y ardió Troya. Hijos que dicen que su madre esta muerta o nietas que cuentan por ahí que la sedan para que no las hable cuando en verdad está recuperándose de un ictus. Larga la batalla que, a día de hoy está en stand by. Todos tomábamos a Carla como que estuviera un poco ida por la edad, pero nada más lejos de la realidad. Más cuerda que todos nosotros juntos. Hasta que llegó el día en que su cabecita empezó a dejar de funcionar y a olvidar. Yo pasé por sobrino, por primo y acabé siendo "el chico que iba a verla que la quería mucho". Eso si, de comer no se olvidaba. Era pasión con la comida, tanto era así que después de cualquier comida, no siempre, decía que no la habían dado de comer o lo que fuese. En líneas generales era como una niña pequeña, pero que era muy consciente y si tenía que ponerse bruta se ponía y además muchas veces con razón. Posteriormente, la falló la cabeza como os dije y como es normal ya nada era como antes.
    2 semanas después de lo ocurrido con Rodrigo, mi ojito derecho como llamo a mi abuela, empezó a decir que la dieran de comer. Algo extraño. Al día siguiente se cayó. Lo que no sabemos si horas antes la dio algo o bien la dio cuando se cayó porque ya apenas comía, lo echaba hasta que dejó de comer. De estar en el sofá a ya estar en la cama. Dormida. Yo iba junto con mi madre a verla todos los días, era su madre y no la iba a dejar sola. Mi hermana no podía verla porque era muy sensible. Eso decía. Ella no entendía que yo la fuera a ver como tampoco entendía que no me diera reparo, pero yo la había visto dormida millones de veces. Ya no tragaba comida. Ya estaba todo en la recta final. Apareció la fiebre, aquellos días fueron horribles. Llegó mi tío Ricardo, avisé a mi primo Julián que ya decía si se moría de verdad o se moría como veces anteriores y no era así. Esa tarde noche en la visita ella estaba recta en la cama. Mi madre lo tenía claro que de esa noche no pasaba por lo que nos fuimos más pronto de lo habitual y yo la dije "Hasta mañana si aguantas y sino que tengas buen viaje". Mi madre fue a cenar y yo me fui a encerrarme entre 4 paredes, luego me agobié y me fui de paseo a las 10 de la noche. Si a las 10 de la noche. De camino a casa, justo antes de llegar a casa, dos puertas antes, salía mi madre dándome la noticia. Yo al subir aguanté un poco el tipo, preguntaba si podía verla. Mi obsesión era verla. Despedirme de ella por última vez. Al entrar ya estaba la médico de turno y el enfermero, dieron el pésame a mi madre; cuando entré yo se quedaron callados, fui hasta su cama, la di un beso y salí como entre. No aguanté más. Empecé a llorar y oí a mi madre decir "es que ha aguantado mucho". Luego hice lo típico de estas situaciones. La noche no la dormí apenas. Mis padres se fueron muy temprano al tanatorio. Yo salí con mi hermana más tarde. Era día de mercado y yo personalmente llevo muy mal que me pregunten en ese tipo de situaciones, porque al momento me pongo a llorar. Al llegar al tanatorio, ya había habido líos familiares. Yo sólo esperaba que ninguna parte el día de su funeral hicieran un espectáculo porque, fuese quien fuese, me iba a oír. El día pasó, eso sí, todos pendientes de ver si comía, recibiendo a quienes iban, las llamadas y esas cosas. Lo llevé normal. Yo esa noche tenía que dormir, y fui a ver a una amiga, un rato... un rato que se hicieron horas. 
    El día final llegó. Me levanté, me vestí y nos pusimos en marcha. El trayecto fue templado. Iba en mis mundos. Al llegar ya fue otra historia. Reventé. No pude más y reventé. Y dejé de tener memoria en ese momento. Me quede mirando hacia donde estaba en la puerta antes de entrar, sin parar. No recuerdo quienes vinieron apenas, mucho menos lo que me dijeron. Me quedé partido en dos aquel día y una parte se fue con ella. Mi niñez y mi inocencia se fueron con ella. Me tuvieron que dar una pastilla, aunque no se si hizo mucho efecto. No había consuelo para mi en ese momento. No aguanté el momento cementerio tampoco. No llegué al final. Me tuve que salir y después volví a ser persona. Comí. Aquel día comí normal. De camino a casa me dormí y dormí prácticamente del tirón hasta el día siguiente. Llegué, me dormí en sofá, me desperté a comer algo y a la cama. Recoger sus cosas fue duro, pero rápido. Era la única manera rápida de acabar. 
    A mi ese día se me rompió el corazón en pedazos.

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