miércoles, 21 de octubre de 2015

El cangrejo

    Hice un balance de todo lo que sucedió (cuando el contacto con todo su entorno desapareció). Me puse triste. Aquellos días los recuerdo como apagados porque no daba pie con bola y no sabía qué dirección tomar. 
    Poco tiempo después, un día ligando, para variar por aquellos días, encontré un chico que había estudiado psicología. El momento ligue pasó a otro plano y comenzamos a hablar de otros temas más serios. Tuve que contarle practicamente todo mi pasado. Así estuvimos por semanas. La verdad que fue una gran ayuda y desde entonces leo un libro sobre el tema. 
    En todo este proceso, duro y largo la verdad porque todo va mucho más lejos de lo que creemos y mucho más cerca está la respuesta de lo que pensamos, conocí a un tatuador. Chico majete, de Burgos. Hablando todo estupendo la verdad. Fue un aliciente también como reto a lo que estaba leyendo, era como una especie de prueba todo aquello o me lo tomé como tal, no sé exactamente aunque para mi fue verdaderamente bueno todo aquello de primeras. Fui, me tatue, dormí con él sin sexo, al día siguiente un par de besos y tan ricamente sin vueltas a la cabeza, cosa que si hubiese pasado antes hubiera dado muchas. Estaba en el punto exacto. Pero el paso de los días y las semanas hicieron que yo empezara a dar vueltas como un cangrejo sin darme cuenta de nada. Creía que había encauzado mi vida y quise demostrar, a él, a mi mismo y al mundo que caminaba en condiciones, pero el estar tanto tiempo con él y sus circunstancias me consumieron tanto sin darme yo cuenta... que me olvidé completamente de mi otra vez y me caí por el precipicio de espaldas y de culo. 
    Pasó tiempo. Pasaron un par de meses hasta que me di cuenta de todo. Solamente le vería por última vez y cortaría por lo sano cualquier tipo de contacto hasta pasado un tiempo prudencial para sanarme yo principalmente y volver a mi camino. Cuando le vi, él mismo intentaba "seducirme con sus problemas" otra vez, pero esta vez, aunque pudiera echarle una mano con ellos, no lo hice. No se trata de ser mala persona; simplemente decidí pensar en mi. Me dio igual lo que le sucediera. Esta vez estaba decidido a no dar mi brazo a torcer por mi salud mental. Soy una persona que se involucra mucho con la gente que aprecia y sus problemas los convierto en los míos y eso ya llegó a unos extremos que yo, personalmente no me podía permitir. Me fui por la puerta sonriendo. Orgulloso de mi. Orgulloso de mi mismo porque, por una vez , había pensado en mi mismo y no en nadie.
    Querer poner un punto final a una parte de tu vida que no te lleva a ninguna parte, sólo a estrellarte no es nada bueno. Tras todo aquello no penséis que el camino, en ese sentido, es fácil. Era la segunda vez que me pasaba con el mismo patrón que la primera vez. Mismo desenlace. Yo al precipicio. Pero la segunda vez aprendí, hasta cierto punto, aprendí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario